Palidecen mis tardes de mayo contrariando la luz de tus primaveras
un año más.
Los colores que viera dorados e intensos como tus ojos,
se cubren de neblina que opacan mis esperanzas.
Todo se lo come el tiempo, nada se relativiza tras su paso.
Mis edades apresadas tras las tuyas
en la melancolía de una espera.
Te pierdes constantemente entre mis debilidades y mis miedos,
pero tú no lo sabes, no quieres verme tras tu huella
que incansablemente persigo en silencio.
Estamos cerca, estoy muy cerca, tan solo a una pulgada de tu voluntad.
No falta más que quieras mirar hacia el lado adecuado,
y me encontrarás, como siempre, dispuesta al eterno abrazo que nos debemos.


