Semeya de Xavier
Hace tiempo que me pregunto si hacer voluntariado es sinónimo de hacer el gilipollas, si suena mal la palabra pero hay veces que los técnicos expertos que tienen la "dificil" labor de ser puente entre la administración y los voluntarios, consiguen que se nos escape la ilusión por lo que hacemos.
Cuando una persona, en este caso yo, siente que su vida será mas plena al abrir su casa, más aún su corazón, la aventura que se emprende resulta apasionante, llena de matices que antes no se apreciaban. El saber que el cobijo que mis brazos propician el calor más intenso a un recien nacido diminuto, vulnerable, indefenso, ver como en pocos dias llenos de amor, cuidados cálidos, hacen mas que cualquier medicina. Un síndrome de abstinencia que tardaria en superarse seis meses o tal vez mas en otras circustancias, en mis brazos, con mis cantos, mis caricias con todo mi amor volcado en ese pequeño ser, se supera en apenas un mes, y de pronto sonrie, come y duerme con la placided que todo bebé se merece.
Todo esto y más, mucho más lo he vivido y disfrutado durante los últimos siete años. Pero... con los expertos hemos topado, desde sus cómodos sillones, sus bien remunerados puestos, no admiten sugerencias, opinión o critica por parte de los que el único "salario" que pretendemos es la satisfacción de lograr la sonrisa de un niño.
Entonces olvidando lo importante, nos ningunean, cuestionan nuestra capacidad de entrega y aunque quiero hacer oidos sordos a palabras necias, echar a la espalda la falta de respeto a veces soportada, la total ineptitud de técnicos intermediarios y de la administración, sigo en mi empeño de esperarte de nuevo, de cobijarte en mis brazos una y mil veces mas, pero la ineficiencia de este pais, o en este caso de mi región, no me dejan alcanzar tu mano, pequeño.
Aunque no desespero y seguiré luchando por ti, por todos los que se que aún cabeis en mi corazón y les demostraré que mi motivación está por encima de todos ellos. Porque me gusta ser voluntaria, pero no gilipollas.